Negociemos la paz con nosotros mismos
Cada despertar trae en su mochila su bien y su mal, situaciones, acontecimientos, vivencias, incidentes que queramos o no imponen un quiebre. Cada quiebre viene a hacernos despertar la consciencia, viene a apartarnos la venda de los ojos, viene a alterar el curso de nuestra vida y nos da apertura a la reflexión.
Cada vez que tenemos la oportunidad de reflexionar nos regalamos la posibilidad de rediseñar lo que no nos gusta, lo que no me sienta bien, lo que ya no quiero, cada reflexión me regala miles de posibilidades de ampliar mi horizonte en búsqueda de mejores caminos, de cerrar y abrir ciclos, donde no existen perdedores ni vencedores, porque cada batalla que parece perdida es realmente una fuente de fuerzas desconocida que afloran a la superficie.
Cada vez que tenemos la oportunidad de reflexionar nos regalamos la posibilidad de rediseñar lo que no nos gusta, lo que no me sienta bien, lo que ya no quiero, cada reflexión me regala miles de posibilidades de ampliar mi horizonte en búsqueda de mejores caminos, de cerrar y abrir ciclos, donde no existen perdedores ni vencedores, porque cada batalla que parece perdida es realmente una fuente de fuerzas desconocida que afloran a la superficie.
Lo primero, no desesperes, no intentes ser conveniente, solo intenta ser tú, en los momentos que el panorama parece ser más terrible y no sabes en qué dirección ir, permítete sentir, permítete observarte, recuerda que la vida es cambio y transformación, e incluso cuando no lo sientas ni lo creas así, permanece abierto a las posibilidades.
Sabemos que hay cosas en la vida que no podemos cambiar, hechos que ya no se pueden transformar, así fueron y ya, pero yo tengo el poder de decidir si los acepto o no, si permanezco en esa inconformidad, de no poder cambiar eso, permitiendo que mi vida caiga en un abismo de resentimiento, de venganza, de duelo, de rencor, que alimento dia a dia con mis expectativas incumplidas y mi postura de víctima, generando en mi emociones negativas que contagian al mundo que me rodea, y cerrándome a toda posibilidad de ser feliz, de estar en paz y de abrirme a un mundo de posibilidades donde mi ambición y mi entusiasmo genere momentos de apertura, de crecimiento y de aprendizaje. Sin embargo también nos pasan muchas cosas en nuestra vida que tenemos la posibilidad de transformar, pero muchas veces tampoco las aceptamos, entonces nos estancamos pensamos que no hay mucho que se pueda hacer, y así vivimos frustrados o resignados a un lugar, a una persona, a un trabajo, a una vida sin posibilidades.
Yo tengo el poder de aceptar aquello que no puedo cambiar, solo yo decido que voy a vivir con eso que está fuera de mi control, de manera armónica y responsable; solo esa decisión me permite estar en tranquilidad, me invita a la reconciliación, a ver las cosas desde la compasión y a entrar en el perdón, que tanta paz trae a nuestros corazones, esta aceptación nos abre un mundo de oportunidades que antes no podíamos ver y nos genera emociones positivas.
Entonces, tengo el poder de aceptar aquello que no puedo cambiar y eso me genera paz. ¿Qué pasa cuándo acepto aquellas que sí puedo cambiar ?
En vez de oponerme a las posibilidades y creer que no hay nada que se pueda hacer, me dispongo a mejorar, y es en este momento que comienzo a abrir espacios para darme nuevas oportunidades y generar nuevas emociones que me conecten con la motivación, con la pasión y con el cambio, es este el momento, de apertura, de aprendizaje, el estado ideal para cumplir mis sueños y lograr mis metas.
Disponernos a ser observadores conscientes de nuestra vida es conectarnos con ese poder de reflexión que nos da acceso a ese mundo de juicios y declaraciones que nos han permitido llegar a el lugar donde nos encontramos.
Vale la pena preguntarnos entonces:
¿Estamos siendo responsables de permanecer en ese lugar dónde estamos hoy?
¿Soy consciente del color con el que estoy coloreando mi mundo?
¿Estoy siendo coherente con lo que siento, lo que digo y lo que hago?
¿Estoy siendo coherente con lo que siento, lo que digo y lo que hago?
También vale la pena preguntarnos ¿cómo está nuestra fe?
La fe es un sentimiento que te estimula, que te permite vivir con más esperanza, que te invita a tener pensamientos positivos, permite que las situaciones de conflicto que atravesamos sean más tolerables, entendiendo la majestuosidad de mi Dios y su poder y no el mío, es la confianza de caminar sabiendo que él nos lleva de la mano y la certeza de que siempre habrán otras opciones.
Samantha Ferrer
La fe es un sentimiento que te estimula, que te permite vivir con más esperanza, que te invita a tener pensamientos positivos, permite que las situaciones de conflicto que atravesamos sean más tolerables, entendiendo la majestuosidad de mi Dios y su poder y no el mío, es la confianza de caminar sabiendo que él nos lleva de la mano y la certeza de que siempre habrán otras opciones.
Samantha Ferrer

Comentarios
Publicar un comentario