Haciendo las paces conmigo mismo

Cuando de perdonar se trata, atravesamos una calle y nos colocamos al otro lado de la acera,  nos liberamos, nos reconciliamos y retomamos un camino desde el amor y la compasión con nosotros mismo, ya que sabemos que el perdón no se trata de olvido, no es cuestión de tolerar, ni menos excusar, sino más bien de no recordar de manera negativa los errores y agravios, reconociendo que el rencor y las emociones que nos genera no perdonar solo daña a quien no perdona.

¿Qué pasa cuando me toca perdonarme a mi? ¿Cuándo se trata de perdonarnos a nosotros mismos, somos verdaderamente conscientes de las cosas que debemos perdonarnos?  
Creo que muchas veces subestimamos la importancia que tiene y las dimensiones que esto trae. Quizás es más fácil ver las acciones como errores que nos han perjudicado, que aquello que hemos dejado de hacer, la falta de coraje o de amor propio. Por ejemplo cuántas veces nos hemos perdonado por no valorarnos, por vivir en el miedo...
Perdonarse a uno mismo es hacer uso de esas gotas de energía y emociones positivas que nos invaden cuando al reflexionar encontramos que concederme el perdón le cambia el sentido a la vida, la hace más amable, me ayuda a avanzar, agradeciendo el aprendizaje y el crecimiento personal que nos permiten las vivencias.

¿Por qué perdonarnos? Mostrar misericordia incluso con nosotros mismos, nos abre al camino de la paz, la compasión y la tranquilidad, nos llena de emociones positivas, disminuyen muchas tensiones e incluso nos libera de depresiones, el perdón nos cura, sana nuestras heridas, el perdón es un regalo. Además de eso reconocer aquello que nos ha limitado y liberarlo simplemente nos catapulta a un mundo de nuevas posibilidades.

Entonces me perdono por buscar la perfección ya que en esa búsqueda me he tropezado con la frustración, incluso exigiéndome a mí más de lo que posiblemente  le exijo  a los que están a mi lado. 
Me perdono por no poner  los límites que resguardaran mi dignidad,  mi respeto y amor propio.
Me perdono por ir más allá de mis límites emocionales y tomarme demasiado a pecho la vida. 
Me perdono por olvidar a veces mis propias necesidades y gustos por complacer a otros.
Me perdono por intentar ser lo que otros quieren que yo sea y permanecer en el papel de víctima esperando la aprobación, el amor y el cariño de otros.
Me perdono por mi falta de coraje, por vivir a la defensiva, llena de juicios que limitan mis posibilidades.
Me perdono por sentir culpa cuando las cosas no salen bien, porque de alguna manera siempre me he exigido al máximo. 

Al perdonarme suelto el enorme peso de mis críticas!!

Restituir el daño, es un paso en la acción de perdonar, definir un plan de acción para que no suceda más es también reflexionar sobre aquello que no quiero más en mi vida y cómo me proyecto en mi transformación profunda por alcanzar cada vez más la vida que quiero, avanzar hacia la realización de mis metas, consciente de que la felicidad no es ausencia de problemas.

Samantha Ferrer 

Comentarios

Populares

Que nada robe tu paz

El amor y la admiración

Mente, Voluntad y Corazón

¿Por qué vivimos tristes e infelices?

Negociemos la paz con nosotros mismos

La facultad de superarte a ti mismo

¿Amor o miedo?

¿ Saboteo inconsciente ?