Resistencia, emprendiendo una cruzada
La resistencia viene siendo
esa posición obstinada, intransigente y hasta rebelde, donde ni el paso del
tiempo logra reducir la fuerza que te permite aguantar con toda la vehemencia e
inflexibilidad posible algo con lo que no estás de acuerdo o una
situación a la que no quieres ceder...
A muchos se nos va la vida, sin mostrar
realmente lo que tenemos dentro de nuestro corazón, como si nos hubiésemos enrolado en una cruzada eterna de orgullo y soberbia, pero parece
que se nos olvida el costo, por más valiente que creas sentirte, cada soldado
paga su precio. ¿Crees que vale la pena mantenerse inflexible ante una situación que te desgasta?
¿Es un tema de terquedad o de intolerancia? ¿Qué sientes cuando esa postura te aleja de la humildad, la moderación, la tolerancia y el respeto hacia los demás?
¿Es un tema de terquedad o de intolerancia? ¿Qué sientes cuando esa postura te aleja de la humildad, la moderación, la tolerancia y el respeto hacia los demás?
Cuando se es obstinado e
inflexible de manera que se exige tener la razón por las vías que sea, solo
alejamos a las personas queridas de nuestro lado, de a poco y sin darnos cuenta
se va perdiendo las ganas de estar al lado de una persona que no sede, que no
reconoce, que no suelta la contienda ni por un momento.
¿Es posible vivir en
armonía cuando alguna persona a tu lado emprende una batalla de resistencia?
Por otra parte ¿Qué siente aquella persona que se resiste a soltar su posición inflexible?
Ser observadores de nuestras propias sombras y reconocer nuestras debilidades es un trabajo que a veces duele, desmontar esos juicios que nos mantienen atados a acontecimientos en nuestra vida pasada nos condena a cadena perpetua con emociones no tan sanas que deterioran nuestro mundo y nuestras relaciones.
Ser observadores de nuestras propias sombras y reconocer nuestras debilidades es un trabajo que a veces duele, desmontar esos juicios que nos mantienen atados a acontecimientos en nuestra vida pasada nos condena a cadena perpetua con emociones no tan sanas que deterioran nuestro mundo y nuestras relaciones.
En
alguna medida todo ser humano ha vivido situaciones crueles, injustas,
intolerantes, severas y hasta violentas, no existen razones para quedarnos
encadenados a un recuerdo que además de torturarnos, nos amarga, nos
entristece, nos indigna, nos ponen el corazón como una piedra y a su vez nos
hace mártires de las circunstancias, aferrados a un resentimiento duro de
matar, porque allá muy en el fondo no se suelta la sed de venganza o el resentimiento que
con el correr del tiempo ya no repara, ni distingue, solo reacciona sin saber a
quien le cae.
¿Puede ser esto falta de amor propio? ¿Te no te amas o te auto-destruyes?
¿Puede ser esto falta de amor propio? ¿Te no te amas o te auto-destruyes?
Sin lugar a dudas alimentar estos
sentimientos termina enfermando el alma.
Cuando amas, entregas lo que tienes por el bienestar de aquellos a quienes amas, tratas de resolver de
la manera más rápida y eficiente posible los problemas para estar bien con ellos.
¿Qué hay del amor a ti mismo? ¿Hay amor para ti? ¿Qué necesitas para estar bien contigo mismo?
¿Qué hay del amor a ti mismo? ¿Hay amor para ti? ¿Qué necesitas para estar bien contigo mismo?
Tolerar las frustraciones no
es nada fácil, cuando nos resistimos a soltar, perdemos ese dominio interior,
somos esclavos de un negativo sentimiento que impide nuestra libertad.
La falta de perdón, es un tema álgido, ya que pensamos que si perdonamos estamos siendo buenos con alguien que no tuvo siquiera compasión con nosotros, por lo tanto adoptamos el papel de víctimas o verdugos pues pensamos que asumiendo ese papel no volverán a herirnos, falsamente pensamos que perdonar es recompensar o premiar a alguien que hizo daño. ¿Te perdonas a ti mismo? o ¿Eres tu propio verdugo?
La falta de perdón, es un tema álgido, ya que pensamos que si perdonamos estamos siendo buenos con alguien que no tuvo siquiera compasión con nosotros, por lo tanto adoptamos el papel de víctimas o verdugos pues pensamos que asumiendo ese papel no volverán a herirnos, falsamente pensamos que perdonar es recompensar o premiar a alguien que hizo daño. ¿Te perdonas a ti mismo? o ¿Eres tu propio verdugo?
Aprendamos que el que perdona se premia
sólo a sí mismo, aquel que perdona y se perdona, se libera del dolor y el resentimiento, perdonar es sanar la herida, poner punto final, deja ir, arranca de raíz y
soltar el control, dejar fluir...
Samantha Ferrer

Comentarios
Publicar un comentario