Emociones, las vives o renuncias a ellas
Que difícil es comprender el
malestar de las personas que te rodean.
Cuando alguien te grita, te ofende, te
critica o te hace daño en la mayoría de los casos no lo hace porque te quiere
mal, sino porque se siente mal, algo está pasando por su vida.
En
ocasiones tropezamos con personas quisquillosas, agresivas, provocadoras y en muchos casos nos dejamos llevar, respondemos a la defensiva, otras veces no entendemos porque aún siendo nosotros amables nos
responden igualmente con agresividad.
Recuerdo que una persona muy especial me
dijo que cuando alguien está mal es como un animal herido, tu tratas de
ayudarlo pero él no entiende.. entonces te ataca!
Difícilmente alguien que esté
en paz y armonía, toma esta actitud agresiva o se mantiene en estado de resentimiento o resignación. Si solo nos tomáramos unos
segundos para reflexionar podríamos darnos cuenta si vale la pena o no
enfrentar una situación de este tipo, dejarnos afectar y reaccionar por el temperamento y la condición de otro.
¿Y qué pasa cuando el malestar es nuestro? Muchas veces la rabia contenida nos lleva al enojo y ese enojo genera angustia y cuesta mucho manejarlo y esto puede suceder por temor a decir lo que nos pasa, por miedo a que nos dejen de querer o nos dejen de aceptar, que el otro sea quien se enoje con nosotros. Muchas veces nos guardamos dentro lo que queremos decir, porque pensamos que si lo decimos tal vez lastimemos al otro, cuando en verdad a quien nos lastimamos es a nosotros mismos.
¿Y qué pasa cuando el malestar es nuestro? Muchas veces la rabia contenida nos lleva al enojo y ese enojo genera angustia y cuesta mucho manejarlo y esto puede suceder por temor a decir lo que nos pasa, por miedo a que nos dejen de querer o nos dejen de aceptar, que el otro sea quien se enoje con nosotros. Muchas veces nos guardamos dentro lo que queremos decir, porque pensamos que si lo decimos tal vez lastimemos al otro, cuando en verdad a quien nos lastimamos es a nosotros mismos.
A veces preferimos transitar el camino de enojarnos en
silencio, sufrir en silencio en vez de hablar o explicar lo que sentimos, o bien nos aislamos
cuando en realidad así solo estamos pagando un precio que no queremos ni
debemos pagar.
Cuando el malestar se instala, comienza el dolor y esto nos conduce al
rencor, al resentimiento o la resignación, allí nos quedamos atrapados en una situación de la que cuesta mucho salir y así
andamos por la vida como un oso herido, dándole manotazos y mordiscos a todo
aquel que intenta acercarse.
Sólo liberando todo ese enojo instalado
allí dentro encontraremos el equilibrio que nos permite restablecer el curso
del fluir de la vida y la capacidad de vivir en el ámbito social, en paz y con
la armonía resultado de mi historia y mi interactuar con el
mundo, dándonos el permiso de vivir las emociones, ya sean tristezas,
alegrías, miedo, enojo con equilibrio, descubriendo que hay detrás de cada
una de ellas para soltarlas de lo contrario nos anclamos a una emoción y nos
identificamos con ella haciéndola permanente. Cada emoción forma parte de
nuestra naturaleza y son todas importantes, el detalle esta en como
afrontamos y cuanto tiempo nos quedamos atadas a ellas.
¿Qué está pasando? ¿Qué siento?
¿Puedes aprender a expresarte sin agresividad, sin culpa, sin resentimiento?
¿Crees que puedes controlar tus impulsos sin dejarte arrastrar por ellos?
Suelta el piloto automático, no
disfraces eso que sientes, la vida es emoción y son ellas
la energía que nos impulsa o nos detiene, hay que ser
conscientes y aceptar lo que se siente, reconocerlo y gestionarlo, con la
intensidad y la duración adecuada.

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